Dicen que los latino americanos somos los más pasionales, que vivimos todo más intensamente que las demás culturas. Esto puede ser realidad, sobre todo en una cancha de fútbol.

Muchos latinos se precian de ser grandes fanáticos de clube europeos y  de la UEFA Champions League, que goza de la reputación de ser “la mejor competición del mundo a nivel de clubes”, por todos los millones que mueve en sponsors, números de merchandising, transmisiones, además claro, de las grandes figuras que en ella compiten año tras año, para ser reyes de Europa.

Y es que “la Champions”, como comúnmente se la conoce, mueve todo lo ya descrito e incluso más, pero hoy, 13 de diciembre del 2017 es un gran día para recordar que también de éste lado del charco se sabe jugar, y se juega bien al fútbol. (Si lo inventaron los británicos o los mayas o aztecas, o los chinos, es otro el cuento y será para otro día).

Y es que hoy es una gran fecha para afirmar que no tenemos nada que envidiarle a Europa en lo futbolístico. Esta afirmación la hago a sabiendas de que en unas horas, se estarán midiendo por el partido de vuelta de la final de la Copa Sudamericana, Flamengo de Brasil e Independiente de Avellaneda, el club argentino, también llamado “el rey de copas” (porque cuenta en sus vitrinas con 16 torneos internacionales ganados, contra los modestos 4 de lo contrincante brasileño).

Casi paradójicamente, los dos ya nombrados clubes finalistas en la segunda competencia en importancia a nivel continental, son dos grandes, por no decir gigantes, en sus países respectivos, y en el continente. Flamengo es el club con más hinchada del mundo, al tener aproximadamente un poco más de 33 millones de hinchas solamente en Brasil, aunque internacionalmente no le ha ido tan bien como a su contrincante de hoy. Ambos llegaron a la Copa Sudamericana luego de ser terceros en sus grupos en la Libertadores, por el sistema que los clasifica a la sudamericana por ser mejores terceros.

Lo que no saben los que desprecian la Copa Sudamericana (y también muy probablemente la mayoría de ellos haga lo mismo con la Copa Libertadores), es que el talento está ahí, en todo el continente, a pesar de no contar muchos de los equipos con las grandes figuras o presupuestos abultados, estadios o chancas de primera generación. Se ven en los partidos jugadores atrevidos, con esa magia en los pies, y sobre todo, jugadores con hambre. Hambre de gol, hambre de gloria, de triunfo, de victorias. Quizás es por ello que se ve una que otra pierna fuerte de más, pero es que nadie quiere perder nunca, y menos acá, donde pareciera que todos son clásicos: los partidos entre uruguayos y brasileros, o argentinos y brasileros, o uruguayos y argentinos, o bolivianos y chilenos, peruanos y chilenos, chilenos y argentinos, brasileros y paraguayos, ecuatorianos y colombianos, y muchas otras combinaciones más, que muchas veces terminan siendo más aptas para un ring de boxeo o de lucha libre, que para una  cancha de fútbol.

No por esto dejan de brindar grandes espectáculos. Recordemos que todos los grandes tuvieron que empezar y brillar en algún rincón de nuestro continente para luego poder brillar en Europa, son contados los casos como el de Messi, donde se fue con 12 años a Barcelona y debutó en la selección de su país sin haber jugado en la primera división de argentina. Grandes jugadores pueden ejemplificar lo: Juan Román Riquelme salió de Boca Junios, Ronaldinho Gaucho brilló en el Gremio de Porto Alegre, Diego Forlán jugó en Independiente de Avellaneda, Diego Milito en Racing, Luis Suarez en “el bolso” Nacional de Montevideo, y así podríamos seguir enumerando miles de jugadores y clubes, pero no es la idea con estas líneas.

 

No creo tener la verdad en mis manos, ni saber cuál de estas competencias nombradas es mejor que la otra, lo único que sé es que el futbol vale la pena verlo y no prejuzgarlo, solamente disfrutar de él. El partido de hoy, no me lo pierdo!