Diego Arrázola Mendivil

La historia se repite, Bolivia nunca fue de los bolivianos, nada más de un nuevo patrón. La gente no confía en medios ni en partidos, sino en personas y realidades, desde lo próximo y cotidiano, la historia que el poder no cuenta y que la pauta configura.

Fue hace más de 80 años, era muy chiquita, apenas me acuerdo cuántos años tenía, mi padre, siempre fue alguien muy curioso, pero a la vez bastante tranquilo, de esos que disfrutan estar vivos, él fue quien me enseñó a amar mi lugar y la vida.

El soñaba bastante, no era alguien cuyo objetivo en la vida haya estado vinculado directamente a lo material, de hecho leía mucho, muchísimo, alguna vez también dijo que vos ibas a escribir, he ahí el desafío, a veces te salen cosas bonitas, sonríe, Chiquitín te tenía fe, (él era su hijo), tras varios años de cáncer y dos festejos fallidos, decidió detener su tratamiento, para hacer frente a la muerte. El comprendió su propósito, más no así todos los que lo acompañaron.

Eisela, es quien narra pausadamente, con un café, masitas y algunos apuntes que había escrito sobre su padre, Ramón Ortiz Mardoñez, me recalca, su nombre y apellido, mientras me mira fijamente a los ojos y comienza a hablar; Lo que a él lo movía era otra cosa, él tenía una pequeña botica en la ciudad, a pocos metros de la plaza principal de Santa Cruz, sino me equivoco en la calle Libertad, antes todos vivían en el casco viejo, el centro de la ciudad.

Él fue alguien enamorado de su lugar, muchos decían que era alguien Bohemio, y no estaban tan equivocados, le gustaba pasar los fines de semana entre árboles y palmeras de coco, en el palmar de las Taperas, a algunos kilómetros de las Lomas de Arena aún tengo algunas fotos, repite.

Solo hacía falta verla y escucharla comentar lo más grande que le pasó en la vida, para comprender su existencia, la de su padre, su marido y uno de sus hijos, quienes representaron lo más grande.

Normalmente se despierta a las seis o siete de la mañana, y responde al nombre de Tetelita, creó la primer biblioteca móvil cruceña, fue presidenta interina del Comité Cívico Femenino e incluso hasta trajo desde Brasil el monumento a la madre, ubicado en la Plaza del Estudiante, en la calle Asunción entre la avenida Monseñor Rivero y la calle Libertad (al lado del primer anillo de circunvalación). Lo hicieron en tren junto a Hugo Mendivil, su marido, a través de la Asociación de Mujeres Profesionales Universitarias de Santa Cruz, en 1968.

No lo quiere reconocer, pero siento, presiento que cada uno de ellos, sus amigos y familiares, fueron quienes la impulsaron a tener esta actitud ante la vida, de servicio.

Antes había capacidad de organización, porque no se pensaba en cuánto se podía ganar, sino en cuanto se podía ayudar, reflexiona; cuando la dictadura, tuvimos que mandar a nuestros hijos afuera, recuerda, creamos un grupo entre algunas madres para poder estar en contacto siempre, para tratar que nunca les falte nada, sin Facebook ni whatsapp, sino con cartas y algunas amigas. Fueron épocas duras, no estar de acuerdo representaba un riesgo que supimos asumir. Hoy no tenemos la misma fuerza de ayer, pero tenemos un espíritu que día a día se reafirma.

En la dictadura, a unos los despachamos a Paraguay, a otros al Brasil y algunos se iban a Uruguay o Argentina. Pero volvieron, otros no, hicieron lo suyo, lo que les tocó, ahora les corresponde a ustedes, reclama.

Papá tenía muchos papeles, él siempre reunía recortes, para colocarlos después en un álbum, antes uno no se enteraba tan fácilmente de lo que pasaba, él coleccionaba recuerdos y construía su propia historia, algunos eran recortes de periódicos y a veces también tomaba fotos para escribir después en el reverso de ellas, él fue alguien muy apasionado, tenía una estatura de poco más de metro y medio, un par de libros y algunas veces un gorrito, de esos antiguos, que usaban siempre los viejitos, no es fácil para ella hablar de él sin estremecerse, me lo dicen su mirada.

El concepto de familia, tiene una connotación muy fuerte para sus oídos, de un tiempo a esta parte, se ha ido transformando en Santa Cruz. En algún momento se cuidaban unos a otros, los hijos no eran solo de apellido, sino de Santa Cruz. Era una sociedad pequeña, sin embargo ahora mucho más egoísta, quizás igual de machista y aún persiste lo conservador.

Tetela me comenta, que Don Ramón, su padre, cumplió un papel de intermediario entre las familias, asociaciones y soldados, aquella posada era el punto de partida, antes de salir a batallar.

En 1932, en vísperas de navidad, escribe Blanca Foianini, quien figura como presidenta de La Liga Filial del Progreso:

Por mi intermedio, mandó sus saludos a los muchachos del “24 de Infantería” porque así como su padre muestra a un hijo digno, así Santa Cruz pregona orgullosa el nombre de todos los componentes de este cuerpo que sin duda será el brazo más fuerte con que cuente la patria cuando quiera aprisionar el río que le perteneció y le pertenecerá mientras en ella vivan hombres, que puedan con energías gastarse las prerrogativas de este nombre.

La respuesta, en el manuscrito: A vos distinguida señorita Blanca Foianini Presidenta de la Liga Filial del Progreso, que venís como la mensajera de la familia huérfana de nuestro querido pueblo de Ñuflo de Chávez y que sois la que representáis en estos momentos críticos a la madre, a la esposa y a la novia, mensajera que en éste día de Navidad, nos traes el aguinaldo de aquel pueblo y tu fraternal abrazo con tu cálido amor de la exponente mujer espartana.

        Y a tu mensaje de ternura os pido que al conjunto de muchas inspiraciones cantan nuestros hermanos, dejes el sello de tu huella mensajera inscrito en éstas páginas blancas.

Fue Annelissie, quien recuperó este documento, entre papeles viejos, en casa de nuestros abuelos, me invita a recordar también a Spinetta; “todas las hojas son del viento, menos esta”, que alguna vez fueron papeles en blanco, que viajaron desde Santa Cruz hasta el Chaco, cerca de Charagua, para registrar memorias de aquel infierno verde.

Tetela tenía aproximadamente cinco años, fue entre 1932 y 1935, me comenta, mientras con algo de duda, asegura, había una posada; era un puesto donde llegaban los soldados, papá preparaba algunos zumos de frutas, nosotros vivíamos con Mari, mi hermano.

Fuimos con lo que teníamos, con lo que conocíamos, papá con su botica, papeles en blanco, algunos libros y otras ideas, los fusiles vinieron después, me comenta mi abuela.

Organicé mis ideas y busqué el modo para encontrar aquella posada, un camping prestado y el bólido, un auto beige, con los asientos desgastados, el color algo degradado, producto del intenso sol cruceño, el Daihatsu Charmant fue el compañero, con Charagua como destino.

Fui en búsqueda de algunas respuestas, pero encontré otras preguntas, un par de personas en el camino, en un viaje de casi ocho horas, con algunas paradas durante la ruta, Masavi, una de ellas, una comunidad indígena que me llevó a comprender el presente, mediante su pasado, su relación histórica, los procesos de adaptación y dominación. Pues los movimientos indígenas y los sectores menos favorecidos, fueron siempre la excusa para un discurso que adapta, y no libera ni transforma.

Una vez en marcha, escuchando algo de música y con un cigarrillo en la mano, estuve alerta para encontrar aquel lugar, tengo mis indicios, pero no lo puedo confirmar, bajé un par de veces a preguntar, pero ahora muchos de esos terrenos son parte de algunas colonias donde no pude ingresar.

Todo viaje tiene sus contratiempos, el mío, además del dinero, tuvo que ver con algo un tanto más aterrador, pues el camino no fue como me dijeron, la gasolina se estaba por agotar, después de cinco horas en carretera, pude ver un par de buitres y animales muertos al pasar, algunos cruzaban de un lado al otro, un pequeño lagarto en el lugar.

Parecía un camino de nunca acabar, llegué a un tramo de tierra, a 10 kilómetros por hora, parecía que mi auto se iba a desarmar, no tenía señal, tampoco agua y mi celular se estaba por apagar, apenas tenía un par de libros y los manuscritos. Me invadió la cabeza todo lo que podría encontrar, estar en medio de la nada, donde apenas se escuchan las aves cantar, nada más pude pensar en aquel infierno verde, que alguna vez oímos escuchar.

La guerra del Chaco, que se inició -según comenta Carlos Mesa en su libro de Historia de Bolivia- en julio de 1932 y finalizó con un 14 de junio de 1935, a través de un protocolo de paz entre los cancilleres de Bolivia y Paraguay. Fue sin lugar a dudas la más trágica lucha que ha enfrentado el país, dejó como resultado 50.000 muertos y 20.000 prisioneros de guerra.

Si bien, en los libros de historia poco o nada se menciona la presencia cruceña en la defensa del territorio nacional, lo cierto es que los jóvenes bolivianos y cruceños estuvieron allí. Ramón Ortiz en una de sus memorias escritas comenta y enumera la presencia heroica de los jóvenes cruceños de aquellas épocas:

“En caravana incierta, salen a los campos de batalla, son sus primeros regimientos, que de sus cuarteles, militarmente, desfilan por sus arenosas y polvorientas calles, convertidas en valerosas unidades. Regimientos, batallones, destacamentos, grandes en su heroísmo. Que, con sangre de valientes, hoy rasgan una página más, para la Historia y la Patria”.

Son sus primeros regimientos: como siguen

Nro.1 Regimiento Pary 30 de Infantería

Nro.2 Regimiento Santa Cruz, Comandado por el Subteniente Facundo Moreno

Nro.3 Regimiento Vanguardia 24 de Infantería, comandado por el Coronel Juan Franco Roman

Nro.4 Regimiento 115 de Infantería llamado vulgarmente atadijo o chirapa porque su unidad, concurrió, con sus propias vestimentas de trabajo, sombrero y saco y un bolsón, donde portaban vituallas. Realcemos el valor patriótico de éstos ciudadanos. Símbolos y tradición en el vestir ordenadamente, en nuestros viejos tiempos. Comandado por el Mayor Víctor Velasco.

Nro.5 Regimiento Warnes, Comandado por el Subteniente, Ernesto Arteaga.

Nro.6 Regimiento Florida, comandado por el Crnl. Rogelio Guzmán.

Nro.7 Regimiento Lanza Quinto de Caballería comandado por el Capitán Germán Busch Becerra.

Nro.8 Tres Batallones, compuesto cada uno de 700 hombres! Comandado por el Coronel, Jenaro Blacutt.

Nro. 9 Primer Batallón, comandado por el teniente Raúl Wichtendall Moreno.

Segunda Compañía, comandada por el suboficial Antonio Vaca Diez”.

Así mismo, esta importante participación es relatada en una nota de Prensa del Bisemanario Independiente Cruceño “La Palabra” en fecha 22 de Noviembre de 1932. Donde habla del Regimiento 24 de Infantería, de los cuales algunos miembros expresan sus pensamientos y sentimientos en el Manuscrito.

La nota detalla el nombre de los comandantes del regimiento y comenta:

“Conviene destacar el hecho muy significativo, de que entre esa tropa hay muchos jóvenes que han rehusado el reconocimiento médico temiendo ser declarados inhábiles y no poder de tal suerte cumplir el deber para con la Patria; otros hay que quienes por sus especiales condiciones se les obligó a hacerse reconocer, por considerarlo de prudencia, no obstante de haber sido aplazado o exencionados, se han enrolado a las filas del Ejército, aduciendo de que nadie puede privar al ciudadano del noble deseo de servir es cualquier forma a la nación en peligro.

Actitudes son éstas que realzan el civismo cruceño y dicen muy claro que aquí hay una muchachada, fiel a la tradición honrosa de su estirpe, porque abnegada y románticamente, va plena de fe y optimismo y santo amor a defender a dignidad y la soberanía del pueblo boliviano”.

Antes de llegar a Charagua, después de varias horas en aquel camino de tierra, donde siquiera sabía que se llamaba conocí algunos muchachos y una pequeña tienda, donde me acerqué a preguntar, acerca de dónde me podía estacionar y asentar, para acampar.

Era casi de noche, y me apuntaron con dirección a una cancha de fútbol, para que hable con uno de los representantes de la comunidad, me dijeron que en una casa a algunos metros de allí, lo podía encontrar.

Dn. Crispin Solano, un señor de aproximadamente 50 o 60 años, de aproximadamente 1.60 mts, parecía llegar de trabajar, de buscar la comida para su hogar, el color de piel que el sol le dio, se acercó para preguntarme qué iba a buscar, con sus ojos negros puestos en mí, me pidió que me quedara en su casa para conversar.

Fue en Masavi, a algunos kilómetros de Charagua, donde compartimos un café y un pan 

duro, mientras me contaba un tanto de su realidad. Conocí a sus hijos y uno que otro amigo, que se asomó a ver qué haían el lugar.

Es lo que tenemos, lo que te podemos ofrecer, también nuestra amistad, me sugirió dejar el auto allí, para después comprar gasolina y a lo mejor traerle algo para cocinar, me pidió de modo muy cordial.

No llegaba mucha gente al lugar, de hecho no era tan sencillo llegar, tenían algunas casitas y no una carretera, pues era lo que necesitaban ellos, no quienes iban al lugar.

 

Nosotros no tenemos para qué ir a la ciudad, no sabemos nada, solo tenemos nuestras tierras y algunas gallinas. Lo que hay a nuestro alrededor (…), muchas veces vienen políticos a ofrecer proyectos con dos pollos, para la foto, coincidimos entre carcajadas. Usted sabe cómo son los políticos, aseguró.  

Los conocimientos son diferentes, sus saberes son otros, probablemente alguien de la ciudad no podría aguantar ni una semana en ese lugar.

Me comentó que su gobernación, no era ni del partido de gobierno, ni mucho menos de oposición, es indígena, aseguró. Estamos aprendiendo, claro que nos equivocamos, pero de a poco vamos mejorando, comentó.

Por supuesto que reconocen el trabajo del presidente Morales, pero también los abusos y errores, la información que llega es casi siempre gubernamental, sin embargo ellos saben lo que les corresponde, no se lo arrebatan más.

Quedé impactado, por la sencillez y cordialidad, porque a veces quien menos tiene es quien más da, sus palabras y sus ojos, los de sus nietos que jugaban con tierra, una pelota desgastada y unas ramitas, comenzaba a enlazar. Me sugirió esperar por un bus, o pedir un aventón al pasar, él no tendría ningún problema con que deje mi cacharrito en el lugar.

Bolivia es un lugar donde abunda la política, pero es casi nula la transformación. El discurso solo lleva a cambiar de patrón.

Pensé en el manuscrito, algunos libros y Dn. Ramón, mi bis abuelo, quién durante este proceso me acompañó, no solo con las memorias, sino también con las letras de lo que alguna vez fue su biblioteca; el maestro brasileño, Paulo Freire, Conciencia crítica y liberación, un libro publicado en 1971, “La pedagogía del oprimido”. Que me invitó a entender su mirada, los apuntes y esos intentos de liberación, en un texto, que 35 años después de la guerra, acompañó aquellos intentos de liberación, 50 años más tarde, lo vengo a encontrar.

El Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), el Movimiento Al Socialismo (MAS), las democracias pactadas, las dictaduras en “democracia”, los muertos y los desaparecidos, las ideas que son ideas nada más.

Una revolución como muchas otras, de adaptación, no de transformación. Los indígenas como punta de lanza, rosas y azules, sometidos por rojos y negros, entre muchos otros colores, que ahora son parte de alguna otra bandera.

Para la historia, en el manuscrito:

Mi simpático amigo don Ramón Ortiz ha puesto un álbum en manos del soldado que marcha al frente, para que escriba en él sus pensamientos.

Antes de tomar la pluma. Ramón Ortiz me advierte que no haga alusión a su persona; no quiere un elogio a su labor. Es que como las páginas de su álbum tiene una alma blanca, incontaminado del falso brillo de los hombres a la hora: dobleces, sin hojas pasiones ni malquerencias. Alma de niño incrustad en un corazón adulto, inclinado a Dios, a la verdad y al bien.

La Patria, es el suelo donde se meció nuestra cuna. Los desheredados de la suerte vivimos para ella; mientras que los ricos, los políticos, los simuladores de la moral y del talento, viven a expensas de ella.

La guerra, es la representación de la barbarie. Es un vil negocio fomentado por la política y el imperialismo. La juventud es y debe ser siempre contraria a la guerra, porque contraria es está a la civilización y a la humanidad.

En la actual campaña del Chaco, Bolivia está purgando los pecados de sus gobernantes. Las generaciones del porvenir se sacrifican para subsanar criminales errores de las generaciones del pasado.

La juventud boliviana asiste a la guerra, siendo enemiga encarnizada de ella, porque mantiene la viva esperanza de que sobre los despojos de los caídos en el campo de batalla, se levantará el pedestal gramático de una Patria inspirada en sentimientos del más elevado humanitarismo, y encuadrada en leyes inflexibles, de orden, de progreso, de disciplina y justicia social.

José Saucedo, Charagua, 1932.

En un papel amarillento, con la tinta que alguna vez fue negra casi café, producto del tiempo y la humedad, hay algunas letras que apenas se pueden descifrar, otras se pueden observar con total claridad. En el manuscrito también se pueden observar algunos recortes de periódico, aún no se doy con el periódico, cuyo título de una brevísima referencia a la guerra, titula; En Batalla.

La guerra es destrucción, y en estos días en que la ronca voz de los cañones entona en las trincheras sus canciones, que turban de regocijos y alegrías, el arte ha de callar; sus amazonías no han de encerrar amargas inflexiones y hay que ahogar sentimientos y emociones alentando indomables bizarrías.

Una mezcla de sentimientos me invade, al pasar de página en página, cada palabra, familia, sueños y convicciones, los padres, esposos e hijos, motivados por patria, del país que creen, el que sueñan, que 80 años después aún no llega, cargados de incertidumbre, la que te invade al no saber cuándo se compartirá el último plato de comida, cuánto durará aquél último beso, sí se volverá de la guerra, esa que entre tanto dolor y confusión, también se pudo poetizar… Humanizar.

Un río de pie, un cinco de febrero de 1932, Raúl Otero Reiche, “Palabras del corazón”, en aquel libro,  aquella posada y en medio de la guerra, describe; “Aves de paso, nuestras alas hallarán en tu hogar la tibieza de la primavera, que es eterna en la alegría del buen amigo, y ahora, la luz, despiertan al valor sonoridades de campanas nacidas a prisa, como si tocarán la gloria.

(…) Mañana nos preguntarán nuestros hijos: ¿Tú fuiste a la guerra? Y les responderemos que sí, orgullosos de haber sido jóvenes”.

Tetela recuerda, lo que le contaron, su padre y su hermano, Mario, me asegura, tuvimos que evacuar, cuando todo parecía empeorar. Fue a través de un río, carretas y un grupo de señoras, quienes nos llevaron donde unos parientes al retornar, hasta que vuelva papá.

Era casi media noche, yo seguía en Masavi y nadie parecía llegar, el cielo estaba estrellado, mi auto no daba más, los ideales que el manuscrito inscribió, eran las ideas que me motivaban para llegar, seguí esperando, hasta que un camión apareció, se detuvo y el chofer, me preguntó donde iba, Charagua era mi destino, mientras él se dirigía un poco más allá, subí mi mochila y la carpa en la parte de atrás, él era albañil y también trabajaba como chofer del camión, llevaba materiales de construcción.

Fueron dos o tres horas de viaje, no había nada en el camino, con suerte y pudimos ver una casa, entre árboles, la noche y la nada. Al llegar, me pidió que lo acompañara al surtidor, que estaba cerrado, él también estaba algo cansado, buscó un lugar para estacionarse, fue en una esquina, a tres cuadras de la plaza. Me dijo yo duermo en el camión, vos podes armar afuera tu carpa, yo parto en la madrugada.

Me desperté antes que él; fue una buena compañía. Me dirigí a la plaza principal y en plena esquina, hay una pared blanca y puertas de madera, muy antiguas en las que se podían ver todavía algunas perforaciones de balas, el pueblo era bastante tranquilo, todos parecían saber lo que sucedía, era pequeño, algunas calles con asfalto y otras donde solo había tierra, me acerque a una tienda para preguntar a quién podía visitar, me dieron un par de sugerencias.

Entre ellos el profesor Fidel para conversar, él vive aproximadamente a seis cuadras de la plaza principal, al llegar me recibió y me pidió que vuelva en un par de horas, estaba ocupado. Me sugirió dejar mi equipaje en su casa para caminar con menos peso. Sólo busqué mi cámara y una botella de agua.

 

Mientras lo esperaba intenté visitar el puesto militar de la ciudad, estaba a 500 metros de su hogar, ya era domingo, no había quien me pueda orientar. Tampoco pude ingresar.  “Subordinación y constancia”, fue lo que imaginé, acerca del proyecto y del modelo, que nos permite reflexionar hacia dónde se va. La historia se repite, simplemente cambian los actores.

Recuerdo en el texto, en medio de la guerra, las dudas, Edgar R Bordoux, quien escribió:

Sonó la hora del cumplimiento del deber para con la Patria, pero no obstante de existir cumplimientos, además sagrados en la vida civil, deja el joven su hogar, tanto el obrero, como el humilde campesino; Deja los seres más queridos, como sus padres y la novia. Para llevar ese requisito, y marcha altivo con la frente levantada empuñando fuertemente su mejor amigo: (El fusil), pero al final de cuentas ¿qué gana?; unos laureles, unas alabanzas y un corto tiempo de recuerdo para sus amigos, luego muere y se oyen voces que dicen, murió por la patria, fue un héroe; más después todos estos entusiasmos y alabanzas se convierten en olvido.

Dn. Isaías Landívar, quien fungía como Secretario de gobierno de la federación de Estudiantes, también se preguntó, ¿Dónde va este rebaño de hombres? Cuando armados con su fusil y los ojos cargados de lágrimas darán el último beso a los seres queridos; y la única respuesta que he podido darme es la que a continuación querido Ramón te pongo:

Vamos a la guerra, una guerra a la que nos han precipitado nuestros siempre malos gobernantes que por llenar la bolsa de sus mezquinas ambiciones no se han fijado como la patria en sus criminales manos se moría lentamente mientras ellos con sus proceder sarcástico como buitres eran los primeros en echar al olvido el zarpazo de los usurpadores de nuestros territorios.

Por eso en nombre de la juventud los repudiamos y en nombre de ella jugamos en esta ocasión la última partida con la muerte llenos de patriotismo y abnegación”.

El General Oscar Moscoso Gutiérrez, en su libro Recuerdos de la Guerra del Chaco comenta: “La cesación de fuego se consideró en la línea como contraria a los intereses de Bolivia”.

“En Bolivia la opinión pública – orientada por escritores que se han ocupado del asunto – considera, en general, que la aceptación del armisticio en junio de 1935 fue perjudicial a las fuerzas bolivianas en campaña”.

Esta sensación es expresada también en algunos de las memorias que contiene el manuscrito:

“Sé que voy a la muerte en aras de la Patria; pero quiero que tanto sacrificio no sea estéril y que sobre un montón de cadáveres no se firme un tratado vergonzoso”, Armando, Sub. Oficial del Rgto. Vanguardia 24 de Infantería.

Hacer el bien es noble; hacer el bien a quien no puede retribuir, es mucho más; y hacerlo a quien no podrá ni recordarlo porque marcha a la muerte, es todo cuanto, en materia de nobleza, se puede pedir a un hombre, inscribió Placido Molina Barbery.

Procesos de transformación, no de adaptación. Nadie libera a nadie, nadie se libera solo. Los hombres se liberan en comunión. Freire fue un buen compañero en esos días de viaje.

Donde quiera que estén estos oprimidos, el acto de amor está en comprometerse con su causa. La causa de su liberación. Pero, este compromiso, porque es amoroso, es diálogo. (…) Como acto de valor, no puede ser por lastima; como acto de libertad, no puede ser pretexto para la manipulación, sino generador de otros actos de libertad. De no ser así, no es amor.  No se trata de politizar, sino de humanizar.

Firman en el manuscrito: Ybañez, Hugo Ribero T., Tito Garcia, E. Roca, Daniel Talavera, Placido Molina Barbery, Boland, Pepe Tórres, Soverón, Sgto. R. Arias M, Blanca Foianini Presidenta Liga Filial del progreso, Edgar R Bordoux, José Saucedo, Sub. Oficial del Rgto. Vanguardia 24 de Infantería. Caído en Toledo el 27 de Octubre. El Hage R, Pargas R., Saúl Saldaña, Virgilio, Ortiz Saarcon, Roca LLadó, Isaías Landívar, Secretario de gobierno de la federación de Estudiantes, Cástulo Paz Añez, Profesor Normal, Ribera R., Director de las escuelas de San Javier – Ñuflo de Chávez, Francisco Vargas S., Mendez, Juan Marchetti. Carlos Suárez, Sgto. H. Alvarez, Cbo. Melgar R., Antelo, Ribera R Salvatierra, Raúl Otero Reiche, Cástulo Paz Añes, Adrián Rosas, Felipe Landívar, Busch, Fausto Medeiros, Guimeno Peres, Francisco Vargas, Ignacio Flores, El Hage R., Lucio Mercado, Daniel Cortez  (caído el 23 de marzo de 1933 en Fernández), Remberto Prado, Fed. Frey, José Moreno, Schullze, Hernan Arrien Gutiérrez, Vitaliano Moro, N. Cabrera, Ignacio Peredo, Anibal Barrientos, Roque Machuca, Ignacio Morales, Guillermo Justiniano, Meliton Rosales, Justo Hurtado, Ovidio Coronado Perez, Julio Arcaya, Jerónimo Montero, Lorenzo Ortiz, Carlos Espenchaaniell, Jesús Ribera, Bonifacio Vega, Justo Arias, Fidel Morales, Isidro Lobos, Leonio Vacaflor, José Ríos Quinteros, Raúl Perez. Luciano Carillo, Zoilo Bazán, Julio Zabala, Milton Terán, Felipe Mirandas, Suarez Landivar, Reg. “30” de Infantería, S Cardona V., Cabo Lorenzo Cortés Rivero, Rodolfo Hurtado, Cabo del 115, Sgto. Horacio Durán, Felipe Landívar, Hernán Serrano, Remberto Prado, Cabrera Leigue, Del Rgto. 115, Vitaliano Moro, Adrián Rosas, Galvarro, Pedro Cortéz, José Saavedra, Remember Albert Verazaín Peña, Selim Vargas mutilado del brazo izquierdo, Juan Dávila que no puede firmar por estar herido en la mano derecha, Román hijo, Sgto. Ortiz del Rgto. 24, Guzmán vanguardia 24, Sgto. Jorge Bush del Rgto. De caballería del II CF a mi vuelta del Chaco, Cabo Jorge Vaca del Rgto Ayacucho destacamento 132, a mi vuelta del Chaco, Sgto. Alberto Bascopé del 8º de inf. Dto. 132 a mi vuelta del Chaco, Baldomar W, Sgto Gonzáles, Rgto 20, de inf. Charagua- 3/18 de 1934, Juan Molina, Del Rgto. 3 de Caballería, Roberto de Carrocze, Lairana, Soliz Rivero, R. Cuellar, Dest. “Lanza”, L Almanza, Feliciano Méndez Vaca, Melgar Moreno, Humberto Orellanos, Hurtado, Mansilla Ibáñez, Monasterio, Max Arteaga, Daniel López Cuellar, Plácido, Saucedo Aponte, Jesús Chávez, Agustín Prirano B, Mau. Bemol, Francisco Fernández, Tte. R Wende C, Sbtte. Alfonso Finot, Reg. “Castillo” 6 de , Guillermo Cêpedes R., Cap. Guzmán Velasco, Ramón Pérez, Sgto. Jordán, Hernán J. Chávez, Leigue Castedo.