Emilio Martínez Cardona

Han pasado 84 años desde que Gaston Bachelard publicó su ensayo “El psicoanálisis del fuego”, donde exploraba este elemento desde el enfoque junguiano de los arquetipos, en sus múltiples facetas como destructor y purificador, entre otras.

Recomendación bibliográfica aparte, lo que necesitamos ahora es entender la “economía del fuego”, que nos lleva cada año a sufrir la devastación de amplias franjas de bosques, bajo la acción intencional de diversos actores.

Se ha señalado –y es un componente real pero insuficiente para la explicación del fenómeno– al avasallamiento de tierras bajas por parte de colonos provenientes del altiplano, que no conocen la ecología de la zona. Es cierto que se ha perdido un conocimiento tradicional, aquel con el que se realizaron chaqueos controlados durante siglos, que en el oriente boliviano estaban ligados a fiestas patronales como reguladoras cronológicas, no por razones místicas sino por el hecho de que estas fechas eran cercanas a grandes lluvias, que humedecían los campos y contenían los efectos de las quemas.

Pero si vemos un mapa térmico de Sudamérica está claro que el problema afecta a gran parte de la Amazonia, por lo que debe señalarse el rol de la agricultura extensiva en el tema. Una manera de enfocar la solución pasaría por plantearse la liberación de biotecnologías, para lograr una mayor productividad “vertical” (en la misma superficie) a cambio de congelar la ampliación de la frontera agrícola. Podría ser la base para un nuevo pacto agrario, que equilibre innovación tecnológica con desarrollo sostenible.

También debe analizarse en la “economía del fuego” el desincentivo que ha existido durante la última década y media para rentabilizar la conservación de bosques. El régimen evista fue enemigo declarado de la participación de Bolivia en los mercados internacionales de bonos de carbono y el gobierno actual no ha corregido esa situación. Cientos de millones de dólares podrían ingresar al país por este concepto.

Otro tanto ha pasado con la industria forestal: Bolivia fue líder mundial en el manejo de bosques con sello verde a comienzos del siglo XXI, superando los 2,2 millones de hectáreas certificadas, pero ha caído en la actualidad a unas 800.000 hectáreas, a causa de los avasallamientos y por la falta de un régimen tributario especial, que ayude a la formalización del sector.

La tecnología también puede aportar soluciones en materia de alerta temprana: en Argentina, estudiantes de la Universidad de Morón crearon una aplicación que puede detectar desde un celular los incendios forestales cuando apenas se inician, utilizando imágenes generadas por satélites de la NASA.

Un ángulo destacado por economistas liberales de varios países es que la propiedad privada de los bosques podría asegurar una mejor conservación que la propiedad pública. Se dirá que la sociedad “no está preparada para esta discusión”, pero habrá que iniciarla.

 

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